
En Ca’ d’Oro lo que deslumbra es su patio interior
No es difícil entrar en la planta inferior de Ca’ d’Oro e imaginarse una fiesta o recepción en los siglos XV ó XVI. El acceso directo en barco desde el gran canal, la gran galería en la que conversar rodeado de fastuosas esculturas de mármol de carrara o poder contemplar las estrellas alrededor del brocal del patio.

La verdad es que no podía ser de otro modo. Tras una de las más reconocibles fachadas del gran canal, tenía que esconderse uno de los más espectaculares rincones de la ciudad de Venecia. El mero hecho de poder pasar un rato a solas en este espléndido patio hace que valga la pena visitar Ca’ d’Oro.
El patio, la galería, la salida al canal, los mármoles del suelo, tal vez sea uno de los mejores ejemplos de lo que eran los palacios de la época. Algo que, posiblemente, no ocurre con el resto del edificio, ya que, a excepción de las dos galerías superiores, esconde casi toda referencia a lo que pudo haber sido.



Un patio que recuperó todo su esplendor gracias a su último propietario, Giorgio Franchetti, que realizó una gran restauración eliminando siglos de reformas y lo devolvió a su estado original. Gracias a él se puede disfrutar del brocal del pozo que preside el patio, obra de Bartolomeo Bon (el viejo). Este brocal es uno de los grandes ejemplos de gótico florido, el paradigma de la arquitectura veneciana.



